A «Hope» no se le puede reprochar que juegue sobre seguro. Acción a lo grande, algún momento de humor inesperado y demasiados minutos para meterlo todo. La película de Na Hong-jin tiene argumentos de sobra para llamar la atención. Otra cosa es que consiga ponerlos en orden.
Las persecuciones son su mejor carta. Velocidad, tamaño y ganas de llevar cada secuencia un poco más lejos, con «Mad Max: Fury Road» como punto de comparación. Por cierto, en ese pueblo TODO EL MUNDO tiene armas.
La fotografía y la puesta en escena acompañan: hay músculo detrás de la cámara. El humor añade un ingrediente menos esperado y hace la mezcla más disparatada. Es un atractivo para quien disfrute de las películas que se pasan de vueltas, aunque no resuelve los problemas de la historia. El problema no está en la falta de ideas visuales, sino en lo que sostiene todo ese despliegue.
El lastre es el guion. El arranque funciona mejor que el tramo final, y la duración acaba pasando factura. Diálogos insulsos, poca claridad y personajes que no terminan de desarrollarse. Una combinación poco agradecida para casi dos horas y cuarenta minutos de metraje, con un giro en los últimos cinco minutos que te deja con el culo torcido. Como se suele decir… «mucho ruido y pocas nueces».
El otro problema son los efectos digitales. En una película que quiere hacerse fuerte en lo visual, un CGI irregular, a veces espectacular, a veces canta, puede sacar al espectador de la acción. Puedes apuntar muy alto con una secuencia, pero si el acabado no acompaña, se nota.
«Hope» tiene más facilidad para impresionar que para sostener su historia. Si te gustan las persecuciones, el humor no esperado y el espectáculo sin demasiada contención, hay motivos para darle una oportunidad. Si necesitas que los personajes pesen tanto como la acción, el conjunto se queda corto. Tiene personalidad y ganas de arriesgar, pero le falta orden para aprovecharlas.
NOTA: 6/10